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UDD en la Prensa

Región del Biobío: el vaso medio lleno

Joaquín Lavín
Joaquín Lavín Académico Facultad Economía y Negocios

Biobío atraviesa un momento económico duro, con una tasa de desempleo que golpea con fuerza a Concepción, Talcahuano y las comunas del entorno industrial. Una realidad que no se puede minimizar ni maquillar con optimismo barato. Pero junto con ese diagnóstico exigente, conviene detenerse a mirar el vaso medio lleno: las ventas comparativas de esta región lleva más de una década creciendo a punto de activarse con una fuerza capaz de cambiar su destino productivo en la próxima década.

La pesca es el punto de partida más natural. El mundo redescubre hoy la economía azul porque las proteínas marinas tienen una huella ambiental muy inferior a la de las proteínas de origen terrestre, como la carne bovina. En un planeta que necesita alimentar a más personas emitiendo menos carbono, Biobío, con su tradición pesquera, su flota artesanal e industrial y su infraestructura portuaria consolidada, ocupa una posición de privilegio que pocas regiones del mundo pueden igualar.

A eso se suma un sector forestal con enorme potencial, cuando la tendencia global avanza hacia la construcción en madera. Es construcción industrializada: casas y edificios que se ensamblan casi como piezas de Lego, con plazos de obra mucho más cortos y una huella de carbono muy inferior a la del hormigón y el acero tradicionales. Biobío, cuna histórica de la industria forestal chilena, está en una posición inmejorable para liderar esa transición hacia la madera como material de construcción del futuro.

La agricultura regional completa este círculo virtuoso, encadenada productivamente con la industria del salmón a través de la producción de alimento para la acuicultura, otro eslabón donde Biobío ya acumula experiencia, escala y proveedores consolidados, y que conecta directamente el campo con el mar en una misma matriz exportadora.

A estas ventajas tradicionales se suman hoy tres novedades que merecen atención, porque son señales concretas de que la región está entrando a nuevas cadenas de valor estratégicas. La primera son las tierras raras: el proyecto de la minera Aclara Recursos, asociada con Grupo CAP, en Penco, fue aprobado tras años de evaluación ambiental. Procesará hasta 320 toneladas de arcilla por hora, con un sistema productivo circular de minería «verde», generará empleos y pondrá al Biobío en el mapa geopolítico mundial como una fuente alternativa de minerales críticos fuera de China, esenciales para la transición energética global.

La segunda es el acero verde. CAP y Aceros AZA sellaron un acuerdo valorizado en US$484 millones para reactivar la siderúrgica Huachipato con procesos que reemplazan el carbón por electricidad e hidrógeno. Es el renacer de un símbolo industrial de Talcahuano, ahora con una impronta ambiental mucho más limpia y competitiva en los mercados que exigen trazabilidad de carbono.

La tercera es el corredor bioceánico que se proyecta entre Neuquén y los puertos del Biobío, pensado para convertir a Talcahuano en la salida natural al Pacífico de petróleo, gas y productos petroquímicos de Vaca Muerta, evitando el Estrecho de Magallanes y el Canal de Panamá en la ruta hacia los mercados asiáticos. Es una oportunidad real para transformar a la región en un eje logístico binacional de primer orden.

Ninguna de estas ventajas resuelve por sí sola el desempleo, pero juntas dibujan una región con activos productivos concretos.