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UDD en la Prensa

Insoportablemente leve

Rodrigo Pérez de Arce
Rodrigo Pérez de Arce Docente investigador de Faro UDD

No sabemos el contenido exacto de la discusión entre Paulina Vodanovic y Daniella Cicardini en el hemiciclo, pero no hay dudas de que estuvo aliñada. Lejos de ser una escaramuza puntual sobre el proyecto de Reconstrucción Nacional que discute el Senado, el encontrón cristaliza una tensión creciente al interior de la tienda. Esta se expresó con fuerza en marzo, apenas unos días después de que asumieron las dos senadoras. Desde ahí han protagonizado una gresca por capítulos, una novela por entregas, como si a las dificultades de ser oposición en inferioridad numérica fuera necesario agregarle la de pelearse en público y en privado. En ese momento, Cicardini pidió la renuncia del recién nombrado ministro de Hacienda, sin encontrar respaldo en Vodanovic, lo que gatilló su indignación y sus frecuentes videos, tuits y emplazamientos en la prensa, generalmente en tándem con el diputado Manouchehri.

¿Hay alguna agenda sustantiva detrás de las asonadas de la senadora por Atacama? Por ahora, brilla por su ausencia. Las apariciones están salpicadas de hipérboles: la subida de las bencinas es un bencinazo, negociar con el gobierno es colusión, la presidenta de su partido es mentirosa, la posición ajena es un dogma casi religioso, y así. Fiscalizar al gobierno con cámaras alcanza para unos likes, y probablemente le granjee votos, pero no logra lavar la sensación de vacío que sigue a cada intervención.

No es extraño que sus aliados sean su padre, Maglio Cicardini, y su secuaz devenido en pareja, el mencionado Manouchehri. Las lealtades son estrictamente familiares y, fuera de eso, es un mundo amenazante de emboscadas, cuchillos, actores secundarios y potenciales traiciones. Nada indica que el PS, de cuyo ideario habla con frecuencia, sea quien coseche lo sembrado por la parlamentaria. Más bien, solo favorece su figura personal, chorreando a los arriba mencionados un poco del caudillismo local que ha construido. Ciertamente, Cicardini y los políticos profesionales viven de ser conocidos y de ganar elecciones, de ahí que todos tengan algo de actor y mucho de ego. El problema surge cuando ese triunfo se convierte en la única motivación para actuar, cuando no hay una profundidad mínima que sustente la performance.

Así, queda de manifiesto que confunde ser directo con buscar el espectáculo, y que ese espectáculo es particularmente pobre. Pronto habrá elecciones internas en el Partido Socialista, y no sería ninguna sorpresa que la disputa entre Cicardini y Vodanovic se traslade a la presidencia del conglomerado. Ahí el choque se vuelve más serio: la pregunta de fondo es si el PS reivindica un espacio propio o se confunde con el Frente Amplio, sector con el que Cicardini comparte generación y el gusto por la guerrilla de redes sociales. Es una pregunta legítima para el partido. Pero nada indica que Cicardini vaya a resolver el problema de fondo con algo más que lo de siempre: un video, un tuit, unos cuantos likes. No queda claro cómo se traduce esto en las siempre revueltas corrientes internas del PS, ni si la senadora es una bandera circunstancial en torno a la cual unirse.

Mientras esa disputa decanta, el proyecto de Reconstrucción Nacional que originó el cruce en el hemiciclo sigue su trámite, indiferente al ruido que provocó. Es, quizás, el resumen más preciso del nudo dramático en el que se halla atrapada la oposición y que Cicardini no contribuye a superar: la política que importa transcurre en otra parte y no aparece solo cuando hay cámaras. Sorprende que, al mismo tiempo, grupos jóvenes del socialismo estén intentando pensar en el futuro de la centroizquierda, como 14 Tesis o la Plataforma Umbral. Quizás su futuro no está junto a los partidos de siempre del sector, sumidos en sus propias contradicciones. Sorprende el contraste entre esfuerzos serios por pensar qué significa ser de izquierdas hoy, luego del declive de la Concertación, la fallida alianza para el gobierno de Gabriel Boric, o el proyecto de reemplazo constitucional, y los fogonazos que se observan de la senadora Cicardini. Paradójicamente dura e insoportablemente leve.