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UDD en la Prensa

El desgaste de la política

 Eugenio Guzmán Astete
Eugenio Guzmán Astete Facultad de Gobierno

Vemos como se repite el mismo tipo de argumentos; las mismas escenas, los discursos encendidos y las expresiones que bordean lo melodramático. También la cadencia y el tono de las voces, que combinan lo solemne y sobrio con lo exagerado y lo estridente. En resumen, la oportunidad para desplegar imágenes en la cámara (de televisión). La razón, la acusación constitucional contra el intendente metropolitano, Felipe Guevara.

Si con ello se busca popularidad, de poco sirve. Más aun, solo confirma el desafortunado diagnóstico que nos ofrece la popularidad de la política, los políticos y los partidos.

Pero si de desaciertos se trata, uno de los argumentos que se ha esgrimido es que dicha acusación es el resultado de haber tensionado a los diputados después del rechazo al voto voluntario. La acusación, entonces, sería una venganza en contra del oficialismo, y Guevara su chivo expiatorio. De ser así, también debiéramos hacer aplicable esta argumentación al retraso en la aprobación de la reforma previsional.

Es de esperar que este “argumento”, aunque posiblemente cierto, no haya sido generalizado entre quienes tienen como rol la superación de las emociones a través de la reflexión común.

Si bien los recovecos de la política siempre están expuestos a ritos de fuerza, al despliegue de humores y símbolos de advertencia, esperaríamos que ella también fuera un espacio de responsabilidad. ¿Cómo abordarían los mismos acusadores la administración del orden? Ciertamente, la respuesta que nos darían es obvia: lo harían mucho mejor. Qué ingenuidad.

Cuando se escribe sobre política y políticos, un gran desafío es tratar de hacer entender al lector de la importancia de esta y de sus instituciones: los partidos. No obstante, cuando en menos de un año se realizan cinco acusaciones constitucionales (además de las interpelaciones), las explicaciones sobre la relevancia y sobriedad de la política se resienten. Dicho en otros términos, se produce un desgaste de las herramientas políticas y de la política en general.

Este desgaste se hace más notorio cuando el argumento no es otro que la decisión que toman las bancadas partidarias, obligando a sus miembros a cumplirlas. Ciertamente, los acuerdos políticos deben ser cumplidos, sin embargo, ¿hasta qué punto? En esto no hay que engañarse: en estos momentos, el ejercicio de fuerza en el hemiciclo no colabora con la paz social, no prestigia la labor parlamentaria y, para qué decirlo, no atrae votos. Más bien parece una estrategia para hacer imposible la labor gubernamental y administrativa. ¿Quién vendrá después? ¿Qué se dice de las molotov? ¿Qué mantra se repetirá en marzo? ¿A quién se acusará?

Ser mayoría no supone, como se cree, que todo es posible. Toda forma de poder está sujeta a la reflexión sobre los efectos y precedentes que se crean e instalan.