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UDD en la Prensa

De la IA a la Inteligencia Arquitectónica

Pablo Allard Serrano
Pablo Allard Serrano Facultad de Arquitectura y Arte

E 14 de agosto celebramos el Día del Arquitecto, y los 35 años de la Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad del Desarrollo, de la cual soy decano hace 15. Perspectiva que permite mirar el rol de la disciplina ante años complejos y cruciales para la humanidad. Muchos preguntan que la arquitectura y la construcción están en crisis, que no hay campo laboral, que la inteligencia artificial y automatización reemplazarán nuestras capacidades y empleos. Sostengo lo contrario: hoy la arquitectura se abre a una multiplicidad de posibilidades inéditas, y está más vigente que nunca.

La arquitectura es mucho más que diseñar edificios y casas, ampliando su campo de injerencia ante las principales urgencias del siglo XXI: la lucha contra el cambio climático, las demandas por justicia social y acceso a vivienda, la transformación tecnológica y sus efectos en estilos de vida e identidad cultural, y el envejecimiento de la población.

Luego de los temporales, vemos que el cambio climático exige viviendas, barrios y ciudades más resilientes: alguien tendrá que reconstruirlos, también diseñar las franjas de seguridad entre bosques y comunidades como equipamiento social, para que los incendios no arrasen con ellas, o los parques de mitigación y “barrios esponja” que contengan y conduzcan las aguas. Y los grandes proyectos de inversión -puertos, aeropuertos, teleféricos, desalinizadoras, faenas minerasque enfrentan la mal llamada “permisología”: leyes y procedimientos creados para proteger a las comunidades, el medio ambiente, nuestra historia y las futuras generaciones. La experiencia prueba que esa inserción urbana y territorial se resuelve articulando ingeniería, gestión social y arquitectura, optimizando el valor compartido en la mitigación e inserción urbana o paisajística de estos proyectos.

¿Quién proyectará las ciudades del litio en el norte? ¿Las del hidrógeno verde en Magallanes? ¿O las nuevas comunidades agro-tecnologizadas en la pampa del Tamarugal?

La inteligencia artificial, lejos de ser nuestra enemiga, potenciará la inteligencia arquitectónica. En marzo pasado, Anthropic publicó un estudio sobre las profesiones más expuestas a la IA, entre ellas la arquitectura y algunas ingenierías. A los pocos días, Elon Musk matizó: si el resultado de tu trabajo es un archivo, “la IA va a hacerse cargo de esos trabajos”; pero si es físico, estás protegido. “Quien mueve átomos tiene una defensa natural que quien mueve bits no tiene”.

Aunque la automatización y los robots reemplacen mano de obra, lo irreemplazable es nuestra capacidad de soñar, y luego construir esos sueños y darles sentido. La capacidad de articular, de afinar, de hacernos responsables: por algo en Chile todo permiso de edificación debe venir firmado por un arquitecto. Alguien tendrá que diseñar esos espacios y experiencias, y cargarlos de sentido, utilidad y belleza. Somos los arquitectos los llamados a enfrentar esa incierta pero promisoria hoja en blanco, con la ayuda de la Inteligencia Artificial, aplicando la Inteligencia Arquitectónica, desde la Inteligencia Tecnológica.