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UDD en la Prensa

Como dos extraños

Rodrigo Pérez de Arce
Rodrigo Pérez de Arce Docente investigador de Faro UDD

El Presidente y sus ministros inundan la agenda. La Moneda anunció una batería de urgencias legislativas, junto con el ambicioso proyecto de Reconstrucción Nacional que incluye modificaciones al impuesto territorial, al IVA a las viviendas y un subsidio al empleo, entre otras materias. Mientras tanto, la oposición está sumida en el desconcierto, mirando cómo el nuevo Mandatario capturó la iniciativa política. La reacción, por ahora, ha sido criticar a mansalva, lo que confirma la desorientación.

Es cierto que ese inicio frenético dificulta responder. Para las izquierdas, supone estudiar medidas de diversa naturaleza, negociar y competir con el Ejecutivo en los medios, algo difícil en sí. Pero sería un error pensar que el desconcierto opositor solo responde a la iniciativa de Kast. El punto queda más claro con un ejemplo reciente. El ministro Jorge Quiroz acusó a sus antecesores de haber dejado un monto exiguo en las arcas fiscales. ¿Cuál fue la respuesta de los acusados? Apenas un post en la red social X de Nicolás Grau diciendo que no daría entrevistas por respeto a las nuevas autoridades. Para un gobierno que intentó desesperadamente construir un legado, se hubiera esperado una aclaración más elocuente. La voz de Grau fue la única que se escuchó desde su sector. Nadie en el Congreso le prestó mucha ropa. La piedra se hundió silenciosamente en el agua.

¿Qué revelan el desconcierto de las izquierdas y la escuálida defensa de los últimos cuatro años? En 2011 apareció una fractura entre dos almas, dos generaciones, dos maneras de entender la política, y solo se ha expandido con el tiempo. Pese a las uniones pasadas -los gobiernos de Bachelet II y Boric o el lamentable proceso constituyente de 2021-2022-algo no termina de cuajar. Todas ellas terminaron defraudando sus promesas iniciales. Aunque siempre se puede culpar a las circunstancias, la causa está en un problema más profundo, una desavenencia ideológica entre esas dos almas que no se reconocen, unidas apenas por la urgencia del poder. No sorprende, por lo mismo, que la coalición desapareciera junto con el gobierno.

Ya va siendo hora de que la ex Concertación mire de frente la crítica que le hace el FA, aunque hoy esté oculta. Es una crítica moral de contenido discutible, pero políticamente eficaz: haber sucumbido al neoliberalismo, haber administrado el modelo del dictador, haber traicionado los ideales de Allende y la Unidad Popular. Si suscriben ese juicio, como parece haber ocurrido desde Bachelet II en adelante, harían bien en admitirlo y sumarse sin ambages a la cruzada frenteamplista. Si no lo están, les corresponde reivindicar su propia obra – y estar a la altura de esa trayectoria.