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UDD en la Prensa

Chile (y el mundo) se está quemando

Simbólicamente, Chile está en llamas por la conjunción de estancamiento económico y pobreza creciente, delincuencia y terrorismo explosivos, inmigración ilegal y narcotráfico rampantes, y una administración ineficaz y corrupta del Estado y del Gobierno.

También físicamente se está quemando Chile —y nuestro planeta. Hasta el año 2010 se incendiaban en el mundo 4 millones de hectáreas de bosques por año. En los últimos años el área quemada se ha duplicado: 8 millones de hectáreas anuales, equivalentes al territorio de Austria. La frecuencia e intensidad de los incendios aumenta todos los años a nivel global, debido a: cambio climático (CC); quema de bosque nativo para incrementar el uso de la tierra para la producción agrícola y silvícola; presión demográfica que extiende las ciudades, los pueblos y las parcelas de agrado; y delincuencia y terrorismo. Algunos gobernantes criminales fomentan los incendios forestales, como Bolsonaro en la Amazonía.

En Chile, los incendios aumentan exponencialmente. Hasta 2013 se quemaban menos de 100.000 hectáreas de bosques, matorrales y pastizales por año. En la última década esta cifra ha aumentado explosivamente. Los dos años extremos fueron 2017, con 5.000 incendios que arrasaron 570.000 hectáreas, y este año 2023, con cerca de 7.000 incendios que quemaron 500.000 hectáreas. Además de la capa vegetal, el fuego destruye plantaciones agrícolas, hogares, pueblos enteros (Santa Olga, Punta Lavapié) y barrios urbanos.

Las causas de los incendios son fundamentalmente dos, y ambas son humanas. La causa indirecta, de largo plazo, de los incendios en el planeta es la emisión de gases de efecto invernadero por el ser humano, que da origen al CC, con las consiguientes altas temperaturas y la sequedad de las capas vegetales. La causa más directa es la intencionalidad: Conaf reporta que un 69% de los incendios registrados durante 2022 en Chile fueron iniciados intencionalmente por delincuentes y terroristas. Los que son incitados o justificados en sus acciones delictuales por expresiones como los de la expresidenta de Revolución Democrática, quien afirmó: “¿Cómo quieren que no lo quememos todo?”.

Los costos de los incendios forestales son enormes. Se observa una muy significativa bicausalidad entre CC e incendios. Así como el CC contribuye a que se queme el planeta, los incendios contribuyen mucho a la emisión de gases de efecto invernadero y extinguen una fuente relevante de mitigación del CC, al quemarse la capa vegetal. Los costos económicos se reflejan en la pérdida de bosques y ecosistemas, cultivos y ganado, comercios y viviendas, escuelas e iglesias. Colliers estimó que solo entre enero y marzo de este año, las pérdidas económicas superaron US$ 1.000 millones, en el año completo 2023 son muy superiores. Los costos sociales se reflejan en la destrucción de viviendas, empresas y empleos de la población afectada. Los costos humanos —los muertos y heridos— son docenas de víctimas cada año, incluyendo pobladores, campesinos, brigadistas de Conaf y bomberos.

¿Qué falta por hacer para evitar la tendencia creciente de incendios forestales en nuestro país? Muchísimo.

Como mínimo, debemos empujar cinco reformas.

Despachar el proyecto de ley (PDL) que crea el Servicio Nacional Forestal (Sernafor), en reemplazo de Conaf, dotando a este nuevo servicio con mayores recursos humanos y financieros.

Despachar la Ley de Incendios, con foco en la prevención y mitigación, cuyo PDL ingresó el 4 de octubre a la Cámara.

Investigar, perseguir y condenar a los autores de los incendios forestales —una tarea virtualmente incumplida hoy por PDI, Carabineros, Fiscalía Pública y Poder Judicial.

Incrementar el monto y asegurar mayor efectividad del gasto público y de los incentivos al sector privado para la prevención de incendios y la reforestación del bosque nativo.

Enseñar a los niños de Chile a plantar y cuidar árboles, porque los bosques de nuestro país son sus pulmones.

Y, fundamentalmente, Chile debe acelerar la adopción de políticas y programas que incentiven cambios mayores en la estructura de la producción y del consumo, para corregir las causas humanas de la catástrofe ambiental global y nacional.