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UDD en la Prensa

La izquierda desplazada por la Gente

Rodrigo Pérez de Arce
Rodrigo Pérez de Arce Docente investigador de Faro UDD

El diputado Jaime Araya, independiente-PPD, cayó en dos de los errores más básicos que puede cometer un político: revelar sus cartas antes de tiempo y hacer una amenaza que no podía cumplir. Su “tsunami de indicaciones” al proyecto de “Reconstrucción nacional” del Gobierno no se tradujo en una ofensiva coordinada contra el Ejecutivo. Fue más una bravuconada de quien necesita de lenguaje fuerte en ausencia de alternativas. La izquierda, con representación significativa en el Congreso, ve cómo se le escapa la manija del debate legislativo. Ese peso se ha ido desplazando hacia el Partido de la Gente (PDG).

Es que las izquierdas han perdido fuerza representativa en Chile. No toda, por supuesto, ni la ha perdido de manera irrecuperable. Sin embargo, la coexistencia de posiciones divergentes ha terminado por minar su capacidad de acción política. Si el Partido Comunista reivindica a Lenin y la incidencia desde la calle, otros sectores se aferran a defender el Gobierno de Gabriel Boric o a recuperar cierto espíritu concertacionista hace rato enterrado. Paradójicamente, empujar la unidad amplia de las izquierdas fue uno de los pocos ideales que se mantuvo incólume durante la Administración Boric, sin que pudiera mostrar resultados positivos. De poco sirvió repetir la consigna en ausencia de unidad sustantiva. Al mantenerse peleando en el frente interno, se abre el espacio para que otros ocupen el rol opositor. Es ahí donde entran el Partido de la Gente y Franco Parisi.

Con olfato de apostador, Parisi se transformó en el interlocutor más relevante para el Gobierno. Mostró una apertura cautelosa a los cambios, sin negarse a priori a ellos. Más importante aún, lo hizo desde un lugar fácilmente identificable: el de vocero de la clase media a la que apeló durante toda su campaña presidencial. Ese gran público al que habla constantemente puede reconocer en Parisi un defensor hábil, uno que no esconde su capacidad de incidencia ni su astucia. No es casual que Parisi haya tirado del mantel en el momento en que lo hizo, pues obligó al Gobierno a validarlo por segunda vez, a tomar decisiones bajo presión y a otorgarle el crédito por varias de las modificaciones introducidas en el proyecto de ley.

Mucho del éxito de esta estrategia tiene que ver con el carisma y la habilidad del propio Parisi, pero sería un error reducirlo a ello. Las condiciones sociales y políticas lo favorecen. Cuenta con un grupo leal y ordenado tras de sí, que lo acredita como vocero, a la vez que la izquierda pelea con sus propios fantasmas. También, y este es un argumento que se ha visto poco en nuestra discusión, pareciera que el PDG logra conectar con un nuevo sujeto, uno que ya no se reconoce en las luchas obreras o de clase, sino que se ha beneficiado de los éxitos de la modernización capitalista chilena. Cree en su capacidad de éxito y no ve en el Estado una tabla de salvación. Ha tenido suficiente con los escándalos de las fundaciones y las licencias médicas. Por otra parte, el argumento contra los poderosos de siempre ha perdido fuerza de tanto utilizarse; no introduce nada muy nuevo a la discusión.

A falta de esa comprensión más profunda de los cambios sociológicos que se han producido en los últimos años, es difícil que la izquierda pueda conectar de manera duradera con la ciudadanía. Si, además, aparece una alternativa que hasta ahora ha mostrado más habilidad para representar de lo que aparentaba, el escenario se le pone todavía más cuesta arriba. El PDG, sin tener un núcleo ideológico radicalmente distinto al del Gobierno, se tomó el espacio opositor con cierta eficacia, y no es descartable que lo siga haciendo mientras no cambien las condiciones. Nada asegura que se mantenga tan vigente como hoy, nada impide que la izquierda espabile y comience a enmendar el rumbo. Lo que sí parece innegable hoy es que la gente le ha pegado un espolonazo fuerte a la concepción de mundo que primaba en quienes fueron Gobierno hasta hace apenas algunos meses. El propio Parisi lo anticipó al reconocer su derrota presidencial. Habló de los que creen en la meritocracia, de la clase media, de quienes quieren volver a los hitos de la República; de los que no gustan de la ideología ni la discriminación. Mezclada con la retórica electoral, venía una aguda descripción de su electorado. El video sigue en YouTube.

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