Reconstrucción y Consistencia: Más Pega y Más Paga
Chile enfrenta hoy una encrucijada decisiva. El proyecto de Ley de Reconstrucción no es solo una reforma tributaria: es una propuesta que busca reactivar la economía, retomando la añorada senda al crecimiento que a tantos permitió superar la pobreza. Su objetivo es generar más empleo y mejorar los salarios de miles de familias: Más Pega y Más Paga.
En tiempos de incertidumbre, cuando la ciudadanía exige señales claras de futuro y respuestas concretas, este proyecto se convierte en una oportunidad para demostrar que la política puede estar al servicio del país y no de cálculos menores.
La reconstrucción no se limita a reparar infraestructura dañada por los incendios; implica reconstruir confianzas, revitalizar territorios y abrir espacios de desarrollo productivo. Todo el esfuerzo invertido en este proceso tiene un efecto multiplicador: dinamiza la actividad económica, impulsa la inversión privada y fortalece la cohesión social. En regiones como Biobío, donde la resiliencia ha sido puesta a prueba una y otra vez, representa un instrumento para transformar la adversidad en crecimiento.
Sin embargo, su éxito depende de la consistencia y honestidad de los parlamentarios. No bastan discursos de compromiso ni declaraciones de buena voluntad: se requiere coherencia entre lo que se dice y lo que se vota. No se puede afirmar que el CFA se equivocaba al emitir juicios sobre la gestión del Gobierno anterior y, al mismo tiempo, citarlo hoy como razón fundamental para negarse a legislar. Las instituciones de la República se respetan siempre.
La ciudadanía observa y espera que sus representantes prioricen el interés nacional sobre las conveniencias partidarias o las presiones coyunturales. La reconstrucción económica es demasiado importante para quedar atrapada en la lógica de la fragmentación política.
El llamado es claro: Chile primero. La política debe recuperar su sentido de servicio público y dejar de lado la tentación de bloquear proyectos que benefician directamente a la gente. La Ley de Reconstrucción no es propiedad de un gobierno ni de una coalición; es una herramienta que pertenece al país entero. Postergar su aprobación sería un error histórico, pues significaría renunciar a la posibilidad de acelerar la recuperación económica y de entregar mejores condiciones de vida a quienes más lo necesitan.
Varias economías que enfrentaron crisis profundas encontraron en la reconstrucción un motor de crecimiento sostenido. Chile requiere volver a ser competitivo para atraer grandes inversiones, y el proyecto ofrece una batería robusta de iniciativas para lograr más y mejores inversiones sostenibles, que permitirán generar muchos empleos y, con ello, incrementar los salarios. Así se sientan las bases para un desarrollo más equitativo y duradero. Chile tiene la oportunidad de replicar esas experiencias, adaptándolas a su realidad y potenciando sus capacidades locales.
La reconstrucción es un pacto con la esperanza. Es la posibilidad de demostrar que la política puede ser un espacio de grandeza, al servicio de los ciudadanos y capaz de unir voluntades en torno a un objetivo superior: reactivar la economía, generar más trabajo y asegurar mejores sueldos para los chilenos. Más que nunca necesitamos parlamentarios a la altura de ese desafío y que respondan con hechos, no solo con palabras. La ciudadanía exige consistencia, y la historia juzgará con severidad a quienes antepongan intereses particulares al bienestar común. Chile no puede esperar. La reconstrucción económica es ahora.