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UDD en la Prensa

Diseñar en tiempos de escasez hídrica

Valeria Lobos
Valeria Lobos Profesora Facultad de Diseño (sede Concepción)

Durante años hablamos de sequía como si fuera un fenómeno excepcional, una temporada adversa que eventualmente pasaría. Hoy ya no es posible sostener esa narrativa. La escasez hídrica dejó de ser coyuntural: es estructural. Y frente a esa condición, el diseño no puede permanecer neutral.

El agua ha sido históricamente invisible en nuestras ciudades. La escondimos bajo el pavimento, la canalizamos, la entubamos, la expulsamos lo más rápido posible hacia el mar. Diseñamos barrios impermeables, techumbres que no capturan, plazas que no infiltran, calles que drenan con velocidad pero no almacenan. Convertimos el agua en problema cuando, en realidad, es sistema.

La escasez hídrica no es solo falta de lluvia. Es también el resultado de cómo hemos proyectado el territorio. Cada metro cuadrado sellado impide la recarga de acuíferos. Cada humedal relleno elimina una esponja natural. Cada loteo sin estrategia hídrica profundiza la dependencia de infraestructuras cada vez más frágiles.

En este contexto, el diseño urbano tiene un rol decisivo. Diseñar hoy implica preguntarse: ¿dónde cae el agua? ¿Cómo se retiene? ¿Cómo se reutiliza? ¿Cómo se infiltra? Implica integrar sistemas de captación pluvial, pavimentos permeables, techos verdes, paisajismo de bajo consumo, restauración de ecosistemas, reutilización de aguas grises. Implica, sobre todo, asumir que el agua no es un recurso infinito sino una condición de proyecto.

Las ciudades del futuro no pueden seguir funcionando como superficies impermeables. Necesitan convertirse en territorios esponja: capaces de absorber en invierno y resistir en verano. El concepto no es nuevo, pero su urgencia sí lo es. Frente a eventos climáticos extremos y periodos prolongados de sequía alternados con lluvias intensas, la infraestructura gris demuestra sus límites. La infraestructura natural, en cambio, ofrece resiliencia.

Hablar de escasez hídrica también es hablar de equidad. No todos los territorios sufren de la misma manera. Los barrios con menos áreas verdes, menor cobertura vegetal y mayor densidad construida enfrentan temperaturas más altas y menor disponibilidad de agua. El diseño, entonces, no es solo técnica: es justicia territorial.

No se trata únicamente de ahorrar agua en lo doméstico, aunque eso sea necesario. Se trata de rediseñar la forma en que planificamos ciudades, viviendas y espacios públicos. De entender que cada proyecto es una oportunidad para restaurar ciclos en lugar de interrumpirlos.

La escasez hídrica no es un problema del futuro; es una condición presente que redefine la práctica del diseño. Persistir en modelos que ignoran el ciclo del agua no es solo una omisión técnica, es una irresponsabilidad ética.

Diseñar hoy significa asumir que el agua estructura el territorio. Y que sin ella, ninguna ciudad es verdaderamente habitable.

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